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Diferencias entre los bautistas?

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Con mucha frecuencia nos preguntan si hay diferencias, y cuales son, entre los bautistas reformados y las iglesias asociadas a la Convención Bautista de Argentina.

La mejor manera de responder es enumerando en primer lugar los puntos que tenemos en común todos los bautistas, nuestras coincidencias: Ambos conglomerados de iglesias creemos que Jesús es la máxima cabeza de toda iglesia local; creemos en la autonomía de las iglesias locales, que las asambleas de miembros tienen voz y voto en la toma de decisiones de los asuntos eclesiásticos; que no debe haber jerarquía alguna entre iglesias o pastores; creemos en la separación entre la Iglesia y el Estado, en la libertad que tiene cada iglesia local para asociarse o no con otras iglesias en el desempeño de acciones evangelizadoras o sociales; creemos que La Biblia es la máxima autoridad y norma en materia de fe y conducta, que el bautismo por inmersión de adultos es un requisito indispensable para ser recibido en la membresía de la iglesia y que solamente podemos incorporar como miembros a personas nacidas de nuevo.

Con muchas iglesias bautistas de la convención, aunque no con todas, compartimos que la salvación es solo por gracia, es decir, un don de Dios. Que fuimos escogidos por Dios para salvación desde antes de la fundación del mundo, que el ser humano no tiene la capacidad para venir a Dios por sí mismo, es decir, que no tenemos libre albedrío para tomar la decisión de creer en Cristo, sino que el pecado nos esclaviza de manera que no queremos ni podemos buscar a Dios (Romanos 3), lo cual hace necesaria la regeneración, y que ésta es realizada por un acto supremo del Espíritu Santo quien, como el viento, sopla de donde quiere y va a donde quiera, va produciendo el Nuevo Nacimiento o la regeneración conforme a un designio soberano decretado desde antes de la fundación del mundo. Creemos que solo creerán en Cristo aquellos que fueron escogidos desde antes de la fundación del mundo, y esto será a través de la predicación del Evangelio, por lo tanto es deber de toda iglesia predicar todo el evangelio a toda criatura, aunque solo creerán los que sean objeto de la gracia especial de Dios, por medio de la cual Él les concede el don de la fe, el arrepentimiento y la regeneración. Como creemos que la salvación se recibe solo por gracia, sostenemos entonces que esta no se puede perder pues es dada como un don irrevocable y eterno.

Pero tenemos diferencias tanto con algunas de las iglesias de la convención bautista argentina, como con otras que se identifican como fundamentalistas, aunque no con todas, en el tema del arminianismo. Esta es una doctrina filosófica que sostiene el libre albedrío del hombre, es decir, que el ser humano tiene la capacidad en sí mismo de tomar la decisión de creer en Cristo o no.

Nosotros creemos, conforme a las Sagradas Escrituras, que ningún hombre puede venir a Dios como resultado de una decisión propia, pues, su condición espiritual es de muerte. Después de la caída de Adán, todo hombre y mujer nace espiritualmente muerto (lea Romanos 3). Por lo tanto, aunque le hablemos de Cristo y le demos las más claras razones de por qué deben creer en Cristo, ellos, por su mismo, no pueden venir a él, pues, están muertos en sus delitos y pecados. Para que puedan creer es necesario que Dios mismo, primero, les de vida espiritual, es decir, el nuevo nacimiento. Por eso Jesús le dijo a Nicodemo que nadie puede entrar al reino de Dios si primero no nace de nuevo. Es necesario nacer de nuevo, pero no producimos nosotros este nuevo nacimiento, sino que, como le dice Cristo a Nicodemo, esto es producido por el Espíritu Santo, de manera soberana “cómo él quiere”. Por eso la forma de evangelizar entre un arminiano y un creyente bíblico es muy diferente. Los arminianos tratan de producir una decisión en el evangelizado, tratan de inducirlo a que tome una decisión y haga una oración. Nosotros evangelizamos predicando la Ley y la Gracia, es decir, mostrando cuánto hemos desagradado a Dios, cuánta miseria nos cubre y entonces presentamos a Cristo, quien con su muerte en Cruz obró la redención de su pueblo. Presentamos el Evangelio e invitamos a la gente al arrepentimiento pero no tratamos de producir “conversiones”, pues esta no es nuestra función. El Espíritu Santo es quien convence de pecado, de justicia y de juicio, tal como lo dejó claro Jesucristo: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”. (Juan 16:8). Nosotros sembramos, otros riegan, pero el crecimiento lo da Dios.

Es evidente que tenemos diferencias con algunas iglesias de la convención bautista en el tema del papel de la mujer en la iglesia, en el tema la manifestación de los dones espirituales, en la adoración (creemos que la adoración debe estar centrada en Dios y no en el hombre), en el rol que cumplen las confesiones de fe (creemos que los bautistas tenemos un legado confesional precioso como la confesión bautista de Londres de 1689), en el gobierno de la iglesia (creemos que las iglesias locales deben ser gobernadas por un cuerpo de pastores o ancianos, no creemos que las iglesias locales deban tener solo un pastor o anciano), entre otros.

De todas maneras, muchas iglesias de la convención o denominación bautista se identifican con los bautistas históricos (conocidos como reformados) en todo. De manera especial en la convención bautista del sur hay un fuerte movimiento de restauración y cientos de iglesias están regresando a las fuentes originales que caracterizaron a los que son considerados fundadores o baluartes de la fe bautista, los cuales todos fueron reformados y se identificaron con lo que nosotros creemos hoy: John Bunyan (el escritor del progreso del peregrino), Charles Haddon Spurgeon (el príncipe de los predicadores), Arthur Walkington Pink (uno de los autores evangélicos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX), Benajah Harvey Carroll (fundador y primer presidente del Seminario Teológico Bautista del Suroeste. Autor del famoso “Comentario Bíblico”), William Carey (misionero a India y co-fundador de la sociedad Misionera Bautista, conocido como el padre de las misiones modernas), Andrew Fuller (Pastor en Inglaterra, fundador y director de la Sociedad Bautista Misionera que envió a William Carey a India, publicó “El Evangelio Digno de Toda Aceptación”), Jonathan Edwards (teólogo, pastor congregacional y misionero para los nativos americanos durante la época colonial), entre otros.