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La Oración Comunitaria

LA ORACIÓN COMUNITARIA.

Orando con la iglesia

Orando con la iglesia

Se llama oración comunitaria o compartida, al hecho de reunirse un grupo de personas para orar con las siguientes características:

a) Espontáneamente.

b) En voz alta.

c) Ante los demás.

d) No simultáneamente, sino alternadamente.

Para que esta oración sea verdaderamente eficaz y conveniente debe cumplir las siguientes condiciones:

  1. Se supone que los que oramos hemos cultivado la oración personal. De otra manera se convierte en una actividad artificial y vacía.

  2. Debemos evitar, de ser posible, frases estereotipadas, formales, dichas de memoria. Al contrario, deberíamos orar en forma espontánea, con gran naturalidad e intimidad.

  3. Para esto, debemos tener la certeza y recordarnos a nosotros mismos que somos portadores de grandes riquezas interiores y que el Espíritu Santo habita en nosotros, y se expresa a través de nuestra boca; por eso debemos hablar con gran soltura y libertad.

  4. Es de desear que no haya entre los que oramos cortocircuitos emocionales, porque esto bloquea la espontaneidad del grupo. Los muros que separan a un hermano de otro hermano, separan también al hermano de Dios.

  5. Es necesario que seamos sinceros; es decir que cuando oremos, nuestro hablar, no sea motivado por sentimientos de vanidad, de decir cosas originales o brillantes.

  6. Pero la condición esencial es que sea una oración verdaderamente compartida: cuando un integrante del grupo esta hablando con el Señor, yo tengo que asumir sus palabras como mías, y con esas mismas palabras dirigirme a Dios. Y cuando yo esté hablando, se supone que mis hermanos toman mis palabras, y con esas mismas palabras se dirigen a Dios. Y así todo el tiempo oran todos con todos. Y aquí esta el secreto de la grandeza y riqueza de la oración comunitaria: que el Espíritu Santo se derrama a través de personalidades e historias tan variadas y diversas; y por eso resulta una oración tan enriquecedora.

IMPORTANCIA DE LA ORACIÓN COMUNITARIA.

Junto con la adoración, la sana doctrina, la comunión y el compañerismo, la oración comunitaria es una parte importante de la vida de la iglesia. La iglesia, inmediatamente después de la resurrección de Jesucristo (Hechos 1:14) y continuando hasta nuestros días, se reúne regularmente para aprender la doctrina de los apóstoles, partir el pan y orar juntos (Hechos 2:42). Cuando oramos junto con otros creyentes, los efectos pueden ser muy positivos. La oración comunitaria nos edifica y unifica mientras compartimos nuestra fe común. El mismo Espíritu Santo que habita dentro de cada creyente provoca que nuestros corazones se regocijen mientras oímos las alabanzas a nuestro Señor y Salvador, entrelazándolos juntos en un lazo único de compañerismo que no encontramos en ningún otro lugar en la vida.

Para aquellos que pudieran estar solos y luchando con las cargas de la vida, el oír a otros llevar esas cargas hasta el trono de gracia, puede ser muy alentador. También nos edifica en el amor y cuidado por otros mientras intercedemos por ellos. La oración comunitaria también enseña a los creyentes jóvenes cómo orar y los trae a un compañerismo íntimo con el cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, la oración comunitaria sólo será el reflejo de los corazones de los individuos que participan en ella. Venimos a Dios en humildad (Santiago 4:10), verdad (Salmo 145:18), y obediencia (1 Juan 3:21-22), con agradecimiento (Filipenses 4:6) y confianza (Hebreos 4:16). Desgraciadamente, la oración comunitaria también puede convertirse en una plataforma para aquellos que dirigen las palabras no a Dios, sino a sus oyentes. Jesús nos advirtió contra este comportamiento en Mateo 6:5-8, exhortándonos a no ser protagonistas hipócritas y verborrágicos en nuestras oraciones, sino orar secretamente en nuestras propias habitaciones para evitar la tentación.

No hay nada en la Escritura que sugiera que la oración comunitaria sea “más poderosa” que las oraciones individuales en el sentido de mover la mano de Dios. Muchos cristianos valoran la oración solamente como un medio para “conseguir cosas de Dios” y los grupos de oración se convierten meramente en una ocasión para recitar una larga lista de peticiones. Las oraciones bíblicas sin embargo, son polifacéticas, involucran todo el deseo de entrar en consciente e íntima comunión con nuestro santo, perfecto y justo Dios. El hecho de que este Dios se incline a escuchar a Sus criaturas, provoca alabanzas y adoración en abundancia (Salmo 27:4; 63:1-8), produce un sincero arrepentimiento y confesión (Salmo 51: Lucas 18:9-14), activa una emanación de gozo y acción de gracias (Filipenses 4:6; Colosenses 1:12), y crea sinceros ruegos intercesores a favor de otros (2 Tesalonicenses 1:11; 2:16).

Las peticiones para sí mismo, del que ora, no se encuentran en las oraciones de Pablo o Jesús, excepto cuando en ellas expresan sus deseos, pero siempre en sumisión a la voluntad de Dios (Mateo 26:39; 2 Corintios 12:7-9). Orar es, entonces, cooperar con Dios para que se cumpla Su plan, no para tratar de doblegar a Dios a nuestra voluntad. Mientras vamos abandonando nuestros propios deseos en sumisión a Aquel que conoce nuestras circunstancias mucho más de lo que nosotros podremos, y que “sabe de qué cosas tenemos necesidad, antes que nosotros le pidamos” (Mateo 6:8), nuestras oraciones alcanzan su más alto nivel. Por tanto, las oraciones ofrecidas en sumisión a la Divina voluntad, siempre son contestadas positivamente, ya sean ofrecidas por una persona o por mil. Aquí está el verdadero poder de la oración.

oracionLa idea de que la oración comunitaria es más efectiva que la individual para mover la mano de Dios viene en gran parte de una errada interpretación de Mateo 18:19-20 “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Estos versos vienen de un largo pasaje en el cual se indican los procedimientos a seguir en el caso de la disciplina de la iglesia a un miembro que ha pecado. El interpretarlos como prometer a los creyentes un cheque en blanco para cualquier cosa en la que acuerden pedir a Dios, sin importar cuán pecaminosa o tonta sea, no sólo no encaja en el contexto de la disciplina eclesiástica, sino que niega el resto de la Escritura, especialmente la soberanía de Dios y los muchos mandamientos para la obediente sumisión de los creyentes a Su voluntad, y no a la inversa.

Además, el creer que cuando “dos o tres están congregados” para orar, eleva alguna clase de poder mágico que es automáticamente aplicado a nuestras oraciones, es una necedad. Por cierto, Jesús está presente cuando dos o tres oran, pero Él está igualmente presente cuando un creyente ora a solas, aún si esa persona está separada de otros por miles de kilómetros. La mala interpretación de este texto, nos muestra por qué es tan importante leer y entender los pasajes en su contexto y a la luz de toda la Escritura.

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